DA YU MEMORIAS DE UN DEMIURGO. By JULIO LOPEZ SACCO. VENEZUELA

Esta  figura  mítica,  “huella  de  reptil”,  llamado  wenming,  “realizar  y  ordenar”, “el consumado realizador de los mandatos”, es el gran estereotipo de  héroe  ordenador  del  mundo,  habilidoso,  virtuoso  y  ejemplo  de soberanía, considerado el presunto fundador y primer gobernante de la dinastía Xia, factor  que ha implicado su bautizo como Da Yu ( Yu el Grande) o Xia Yu ( Yu de  Xia  )940.  Según  la  tradición,  Yu,  también  conocido como  Chi-jiang  Zi-yu y nombrado por Yao como Shen I o Arquero Divino, vivió entre 2204 y 2195 a.C., y perteneció al tipo cultural Wangwan y Sanlinqiao de la cultura Longshan,  en virtud de que su nombre hace referencia a la tribu de la serpiente. Liberador de monstruos y demonios, porta el título de Marqués Pacificador del País, y acaba adquiriendo el rango de inmortal taoísta941. Su esposa, la Señorita de la Montaña Tu se identifica, a veces, con la creadora Nüwa, la encargada  de reparar el Cielo con cuatro patas de tortuga942, cuando los cuatro polos que sostenían el Cielo se rompieron por el fuego y las inundaciones, mientras que   su hijo Qi se considera el primer gobernante “hereditario” en la historiografía de la antigua China. Yu será el encargado, en definitiva, de otorgar al mundo su ordenamiento físico, al controlar la inundación devastadora, y su  orden  político, al armonizar los nueve estados del mundo, representados en nueve recipientes sacrificiales ding, que simbolizan las nueve circunscripciones, llamadas jiu zhou. Es, así, un “creador” o “re-creador”, físico y político del Universo.

Fundador y demiurgo y, al mismo tiempo, maestro herrero y perito agrimensor, arregla el territorio para que pudiese ser cultivable, dividiendo el mundo en nueve secciones o regiones. Organiza administrativamente el territorio manteniendo a raya los diferentes grupos y encargándose de recaudar los tributos, todo ello enmarcado en su control de la inundación y su efecto regulador. Su labor, en este sentido, dentro de la dinastía Xia, presupone un estado feudalizante con la presencia de principados nobles y algunas  poblaciones relativamente controladas en los márgenes del reino; mantener las aguas en sus cauces consistió, por consiguiente, en establecer los “límites” del territorio, de forma cuadrada, con un río-frontera en cada oriente: en el este, el Gran Río, en el norte, el Chi, en el oeste, el Amarillo, y en el sur, el Huai. Es   por eso que Yu, simbólicamente, está en posesión de los nueve trípodes, oficial imagen del mundo controlado y refinado. Estos trípodes fueron llevados por una tortuga mítica, imagen ejemplar del Universo, en función de su duración vital y la forma de sus caparazones, plectro ventral cuadrado y superior abovedado, versión modélica del macrocosmos, como el Ming Tang o Casa del Calendario, lugar sacro, redondo en su techo y cuadrado en su base, imagen, asimismo, del mundo, y donde el espacio se divide en cinco dominios  vinculados con los Cinco Agentes o Fases, uno el centro y los otros cuatro representantes de los puntos cardinales, la periferia y las estaciones naturales. Los trípodes o calderos, que ejemplifican el ordenamiento del mundo, y que pueden ser una elaboración Han de las antiguas botellas de calabaza de época Zhou, o de vasos pien y tou de loza, vinculables al caos inicial, son hechos con minerales de las Nueve Regiones, traídos por nueve pastores, lo cual supone  que todo el que vive en las nueve zonas le es leal a Yu y a su “dinastía”. Posteriormente, los calderos y el peso de cada uno de ellos, adquirieron un   valor moral simbólico que medía las virtudes del gobernante943 .

Como demiurgo, Yu edifica el Universo en la Tierra: arregla las Nueve Provincias, hace habitables y cultivables las cuatro direcciones, establece el patrón de las medidas de longitud, reparte funciones y clasifica944 objetos y  seres, impidiendo el contacto desordenado de Cielo y Tierra; establece, así, un ideal mítico que sería asumido con posterioridad por grandes emperadores, como Qin shi Huangdi o Wudi que, a través de sus diversos viajes, querían mantener ordenado el Imperio.

Yu es un medidor, controlador y director del mundo bajo el Cielo,   labor en la que tuvo que ser ayudado por los dioses, en concreto Fuxi, que le cede una tableta de jade que le permite completar su misión. Su “trabajo” requiere su conversión en un poderoso jefe, que aglutina tribus o clanes, como los de los dientes negros, los de los dedos cruzados, los de los hombres emplumados o los clanes desnudos, y que inicia la costumbre hereditaria en el poder. Gracias a ciertos ministros, Tai Chang y Shu Hai, mide el mundo y confirma que de norte a sur y de este a oeste las distancias son iguales, visualizándose un armónico cuadrado. Yu recorre nueve continentes, cuatro mares y diez mil países, adquiriendo conocimientos topográficos ajustables a la concepción mítica del mundo conocido y ordenado y de aquel marginal, pleno de prodigios y extraordinarias rarezas, reflejo de las reacciones psicológicas humanas a lo desconocido y misterioso, donde la imaginación crea seres extraños e inverosímiles. Gracias a dicho recorrido, es el propiciador directo del conocimiento geográfico y de las técnicas hidráulicas de conducción del agua conocimiento que, transmitido a su ministro Bo Yi, sería el antecedente del compendio denominado Libro o Clásico de los Montes y los Mares.

Nuestro personaje es un héroe semi-divino que trabaja altruística y ardorosamente por el beneficio de la humanidad; un salvador al servicio del pueblo que continua las inoperantes labores de su padre mítico Gun, un  análogo al Huntun mitológico, y héroe patético y malhechor ( vinculable al motivo del héroe fracasado que complementa la función dinámica del exitoso ), que acabó ejecutado por orden de Yao, aunque también con la  suficiente  astucia como para robar el suelo sagrado auto-renovante que  regeneraría la tierra tras la inundación. No obstante, sus tácticas y técnicas empleadas fueron diferentes y deficientes: la elevación de presas contentivas del agua en lugar de   la construcción de canales para dejar fluir el líquido, de por sí indetenible, según el ritmo natural cósmico. En varias fuentes, como el Shanhai jing, Tian wen, Huainanzi, Shujing, Mengzi, Shijing y la Crónica de Tso, Yu es un arquitecto   del mundo, del orden humano en sociedad, salvador y regenerador, ordenador de la tierra libre del agua, cuyas acciones hacen habitables tierras y las adecuan   al cultivo:

 

“Si Gun no cumplió con el control de la inundación, ¿ por qué se le confió esta tarea ?. Todos dijeron: ¡ No teman ¡. Que lo intente y veremos si es capaz de realizar la empresa…”945

Asimismo:

“Las Nueve Provincias fueron uniformizadas. Los cuatro cuadrantes fueron hechos habitables. Las Nueve Montañas fueron deforestadas y establecidas como terreno arable. Las fuentes de los Nueve Ríos fueron dragadas. Los Nueve Pantanos fueron cubiertos. Los Cuatro Mares tuvieron sus confluencias libremente abiertas…Todos los suelos fueron comparados y clasificados…”946

 

Los mitos de Yu y los de su padre Gun pudieron mostrar un modelo de opuestos binarios complementarios, al menos, en ocasiones: Gun muere para que Yu tenga éxito; en algunas versiones, el padre es maldito como malhechor, mientras que el hijo glorificado como héroe; Gun947 incurre en la ira divina al robar el suelo sagrado ( xirang ), pero su hijo es bendecido y favorecido por los dioses. En este sentido, Yu representa, creemos, la antropomorfización de un comportamiento natural básico.

Además de ordenador y artífice cósmico, ejerce un papel como dios del suelo. Los altares del Suelo y de las Cosechas solían encontrarse ubicados en un santuario doble, como representaciones de la fecundidad y la riqueza agrícola, si bien en los cultos oficiales simbolizan la dinastía que Yu inicia e  instaura, además de la “patria” que como acondicionador del territorio imperial también origina.

Aunque a Yu se le conoce primordialmente en su función como guerrero que castiga a bestias y monstruos948 o, simplemente, los  hace  desaparecer,  como Gonggong, Wu-chi-chi, y la serpiente de nueve cabezas Xiangliu, su rol más destacado, además de la medición del mundo, con lo que conforma las bases de la geografía china949, es el que lo liga a los mitos de inundación, un verdadero trabajo divino. Las aguas que fluyen significan una batalla cósmica   del cielo y el agua, hasta que ésta, al final, es controlada y confinada en el  mundo subterráneo, desde ahora acuoso. Es un combate entre el orden y el desorden, lo alto y lo bajo, sin que la presencia del “diluvio” implique castigos divinos o un exceso de lluvia necesariamente. Como demiurgo y mago, casi un formador del mundo, los mitos que lo relacionan con la separación de la tierra   y el agua y el control de la inundación, son cosmogónico-formativos, lo que supone que para los letrados confucianos ejercerían el rol de mitos etiológicos que crean el Cosmos. Este hecho se debió a la preocupación de los confucianos por reconstruir los orígenes históricos de la cultura china desde una óptica racional, eliminando cualquier resquicio de inverosimilitud y fantasía950. En los Clásicos no se recoge el modo en que surgió el mundo porque no interesa o ha sido escondido, sino el origen de las instituciones sociales que crean los reyes sabios y virtuosos, prototipo del ordenamiento socio-colectivo y jerarquizado   de la sociedad antigua.

La narración clásica y ortodoxa del mito de la inundación aparece en Mencio, versión más elaborada que la de Cuestiones Celestiales, que sitúa el episodio en la época mítica y ahistórica del comienzo de la humanidad y su sociedad, en el momento del gobierno de Yao y Shun. La historia narra la amenaza de un gran diluvio que acaba ensombreciendo al mundo  y  amenazando el Reino Medio, es decir, China. Desde ese instante, dragones, serpientes, pájaros y otros animales empiezan a invadir y dominar la tierra y los hombres deben fabricar cobertizos y vivir en cuevas en las tierras altas. Shun ordena a Yu que conduzca las aguas y que las controle, lo que hace ayudado   por el Espíritu del Río Amarillo951, el Dragón Amarillo y la Tortuga Negra, que transporta consigo xirang o hacedor de montañas, espantando las bestias y facilitando que el hombre vuelva a habitar las planicies. Este mito, expresión de la hidrografía local, es una fuente indirecta de información topográfica y geográfica, así como etnográfica, si bien mayormente de geografía mítica, pues Yu viaja sobre varios ríos, conoce y detalla montañas, notifica  variaciones locales a nivel topográfico sobre la calidad del suelo, pero también señala las denominaciones de las tribus locales y sus formas de tributar, detalle  este  último que puede ser un reflejo, un recuerdo, de los reportes de funcionarios reales presentados a la corte Zhou cuando esta dinastía dominaba, aun nominalmente, China. Tales rasgos mítico-geográficos, difíciles de determinar  en la realidad, llevan patente, sin embargo, ciertas realidades histórico- políticas952. El peligro universal que lleva consigo el diluvio es la contrapartida de otro que también genera caos, la sequía, lo que supone que ambos deben ser sometidos por héroes para evitar la caída en el desorden y el fin de la humanidad, actuando, de este modo, como auténticos  re-creadores  del Cosmos. En este sentido, además de salvador y benéfico, Yu es restaurador: ofrece un segundo comienzo del mundo múltiple y recompone la sociedad humana en su posición dominante sobre los animales, restaurando el mundo hacia su orden natural, dominado por dao, por el curso. En este mito, Yu se opone a Gonggong, una nueva oposición binaria en la que el monstruo representa el caos y el héroe el orden, de modo que el éxito de Yu en controlar  la inundación representa así el orden que derrota al caos953. Esta lucha entre el dragón del caos y el héroe cultural triunfante o sabio-gobernante, como la sostenida entre Typhon y Zeus o Python y Apolo, aparece reflejada en aquellos textos que mantienen una interpretación ortodoxa, jerárquica, aristocrática y civilizadora del mito. La abstracción intelectual y filosófica hará derivar el ordenamiento del caos primigenio como un logro que hay que mantener si se retiene la armonía de todas las cosas gracias a dao y su eficacia. Del mismo modo, el proceder de Yu, canalizando en lugar de reteniendo las aguas, se  acerca al ideal taoísta del fluir natural acuoso, flexible pero poderoso, imagen mítica de dao cosmogónico del daodejing.

La presencia de inundaciones o diluvios, referente mítico muy común, implica la abolición de los límites, de los contrarios y, por ello, la fusión de la multiplicidad de las formas, una regresión momentánea a lo amorfo caótico y a la unidad primordial. Supone, en términos mitológicos, una regeneración periódica y necesaria (purificadora, si se quiere) de la vida histórica. En su control de las aguas Yu regresa a lo ordenado, desempeñando el rol de representante simbólico de la fuerza generadora del mundo, que pasa de lo caótico a lo cósmicamente ordenado, sin implicaciones morales de  base,  aunque algunos comportamientos mítico-heroicos acaben siendo moralizados como ideal imprescindible. Es así como Yu, en el Shujing, además de primer   rey de la dinastía Xia es casi una persona real que representa el deber como virtud imperante en el carácter chino tradicional954. Muchas de sus hazañas se vincularon a lugares naturales; se convirtió en el jefe de la confederación tribal  de las llanuras centrales y, a su muerte, su supuesta tumba quedó fijada en la actual provincia de Zhejiang. Acabó siendo, por consiguiente, un demiurgo pacificador y creador de la realeza como sistema de gobierno efectivo, cuya eficacia como rey ideal le llevó a poder determinar los números para regular el tiempo y el espacio, y la música como generadora de armonía universal

 

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940 Antes de su titulación como monarca que inicia la dinastía Xia en el III milenio a. C., fue nombrado por Yao, y ratificado por Shun, como conde de Xia, pequeña  municipalidad  de Henan, hoy identificada con la región de Yü-kau. Su canalización de las aguas tumultuosas y la liberación de la vegetación de terrenos para propiciar el cultivo de los suelos, hacen de Yu un rey-héroe propiciador de los rasgos incipientes de la civilización y un gran explorador:

“Yo abrí pasajes para las corrientes a través de las Nueve Provincias y las conduje a los  Cuatro Mares.  Profundicé canales y conduje a ellos las corrientes de agua, sembrando grano al mismo tiempo y mostrando a las multitudes como procurarse la comida a través del trabajo…”, Shujing, II, 2, edic. Legge, J., ( trad.), Shu King, the Book of Historical

Documents, Sacred Books of China, vol. 3, Londres, 1879, p. 47. Traducción propia desde el inglés.

941 Según algunas leyendas pudo haber pertenecido a la tribu de los Rong occidentales, lo que le conferiría el nombre de Rong-yu. Al lado de Yao sería apropiado por las gentes Xia, encargándosele la conducción de sus empresas militares hacia la conquista de las tribus miao sureñas. Yu sería, de este modo, el guía de la expansión Xia hacia el este, la tierra de los bárbaros Yi, que poseían el tótem del pájaro. El pueblo Xia, conducido por él, tendría, así, su origen en China central y noroccidental, aunque sus descendientes aparecen ya vinculados a la cultura del arroz en el delta del Yangzi, en la provincia de  Jiangsu. Acerca de las andanzas y aventuras de   Yu, véase Werner, E.T.C., Cuentos e historias de la Antigua China, M.E. editores, Madrid, 1997, en especial, pp. 173-180; Changwu, T., “On the legends of Yao, Shun, and Yu, and the Origins of Chinese Civilization”, Chinese Studies in Philosophy, vol. XIX, nº 3, 1988, pp. 21-68, en especial, p.  65 y ss.

 

 

 

942 Cf. Huainanzi, 3, 6b, edic. Ssu-pu pei-yao. Véase sobre Huainanzi la traducción inglesa de Le Blanc, Ch., Huai Nan Tzu: Philosophical Synthesis in Early Han Thought, Hong Kong University   Press, 1985.

943 Véase Shiji, cap. III, Dinastía Yin, en Allen, H.J., Ssuma Ch’ien’s Historical Records. Introductory Chapter, The Journal of the Royal Asiatic Society, Londres, 1894, p. 27; Granet, M., Danses et Légendes de la Chine ancienne, Presses Universitaires de France, París, 1959, pp. 480-481 y ss.;  Palmer, M. / Xiaomin, Z., Essential Chinese Mythology, Harper Collins Publishers, Londres, 1997, pp. 71 y 73. Al ser fundidor de los nueve calderos, Yu desarrolla el papel de artífice o herrero divino, de demiurgo y sabio que enseña a la humanidad a distinguir el bien del mal. Los calderos presentan un valor moral, símbolo del legítimo gobierno dinástico, de riqueza,  ritualidad  y control de los metales. Esta función de artífice le conecta a la de Nüwa, reparadora del Cosmos,   y al Chiyou inventor de las armas de metal. En cualquier caso, Yu, con Yao y Shun, conforma la tríada de utópicos e ideales gobernantes del mundo, con sabiduría sobrehumana, en una arcaica    y arcádica Edad Dorada:

“Yu  recolectó metal de las nueve administraciones regionales y forjó los nueve calderos”, Hanshu, Chiao ssu   chi, 25, 1, 21a, edic. Ssu-pu pei-yao. Traducción propia. Acerca del papel de los héroes en el control de los metales véase Chang, K.C., Art, Myth, and Ritual. The path to Political Authority in Ancient China, Harvard University Press, Cambridge, 1983, pp. 95-100; Birrell, A., Chinese Myths, British Museum Press, Londres, 2000, pp.23-24 y ss. En los calderos se inscribió todo el conocimiento humano y el saber del mundo. Los nueve trípodes, jiu  ding,  fueron  confeccionados en bronce; son nueve vasos ding cuadrados, vinculados a la Tierra y a las Nueve Regiones, que simbolizan el control del metal, factor que, a su vez, permite el acceso a los ancestros y a la autoridad política. No olvidemos que el bronce ( por ello existe un recuerdo de mitos sobre su uso y poder ), se asocia, en la China antigua, con el ritual y la guerra, asuntos específicos del estado y, por ello, del gobernante. Así, los trípodes simbolizan el poder,  el gobierno y el estado.

944 Campos y tierras fueron clasificados en función del tipo de suelo y de la categoría social y el poder político, así como del predominio de los comportamientos morales, aspecto que denota   los efectos de la racionalización confuciana. En realidad, la clasificación en dominios ( del soberano, los nobles, y del mundo salvaje ), responde a una planificación del mundo ordenado y conocido, así como del liminar, casi monstruoso. La división del mundo es, al fin y al cabo, un modelo de gobierno de fundamentos mítico-cosmológicos. El control de la inundación, posible recuerdo de crecidas del Huanghe, aunque no necesariamente, hacen de él un modelo donde los soberanos deben mirarse, así como un fundador dinástico en cuyas manos está el inicio de la monarquía hereditaria.

 

945 Chuci, Tian wen, 3, 5b-7b, edic. Ssu-pu ts’ung-k’an. Traducción propia. Véase al respecto, Field, S., ( trad. ), Tian Wen. A Chinese book of origins, A New Directions Book, Nueva York, 1986, cap. II, 26; 29-30 y ss.

946 Shangshu, Yu Kung, 3, 5b-7b, edic. Ssu-pu pei-yao. Traducción propia.

947 El mítico Yu nace, en forma de dragón amarillo, directamente de su padre tras haber permanecido en su seno tres años después de su muerte por no cumplir el cometido encomendado de combatir las inundaciones. Esta extraña filiación convierte a Yu en un wu, rey- chamán de gran poder, relacionado con los métodos de adivinación cercanos al poder, pues es el descubridor del dibujo Pa Gua del Cielo Posterior, que recibe el nombre de  Loshu  y  que describe la naturaleza del cambio en el Universo. No obstante, el verdadero patrón de la adivinación es Fuxi, descubridor del Hetu o dibujo del río He, componente de las artes adivinatorias, prototipo del Pa Gua o trigrama  del Primer Cielo, que describe la estructura que    es inherente a la naturaleza de las cosas. Véase Wong, E., Taoísmo. Introducción a la historia, la   filosofía y la práctica de una antiquísima tradición china, edit. Oniro, Barcelona, 1998, en especial, pp. 139-140. Ambos personajes aparecen relacionados en las leyendas, que dicen que Yu recibió, en una gruta iluminada por una perla sobrenatural, la suprema iniciación de manos de Fuxi, lo que supone su purificación y ascensión al Cielo.

948 Yu combate a los demonios del agua que personifican la calamidad que hacía sufrir a la humanidad y que estaban bajo el control de Gonggong. Entre los monstruos principales que derrota está Xiangliu, entidad con cuerpo de serpiente y de nueve cabezas, que  por  donde pasaba, vomitaba o caía su pestilente sangre, se formaban infectas ciénagas y valles inundados e incultos. Yu lo ahoga y sanea el terreno donde cae el cadáver, acabando con la  situación  “caótica” y propiciando la construcción de bancales en esa misma zona. Véase Shanhai jing,   VIII, 5; XVII, 19, edic. de Ning, Y. /  García-Noblejas,  G.,  Libro de los Montes y los Mares (  Shanhai Jing ). Cosmografía y Mitología de la China  Antigua, Miraguano ediciones, Madrid, 2000, p.  180 y ss.

949 La medición del mundo, realizada con una lámina áurea con tabla numérica que le entrega Huazu, es decir, un calendario, prefigura la cartografía china y es un prototipo de geografía matemática. En el Huainanzi Yu ordena a sus dos oficiales, cuyos  nombres  significan  “construir” y “diseñar”, medir la longitud y latitud de la tierra ( vid supra ):

 

 

“Yu mandó a Tai Chang medir en pasos desde el polo oriental más alejado hasta el occidental, señalándose 233500 leguas y setenta y cinco pasos. Ordenó a Shu Hai medir en pasos desde el polo norte más alejado hasta    el sur, conformándose 233500 leguas y setenta y cinco pasos… Yu condenó las vastas aguas con la tierra auto- regenerante y los nuevos bancales llegaron a ser famosas montañas”, Huainanzi, Chui xing, 4, 2a, edic. Ssu- pu pei-yao. Traducción propia.

 

 

 

950  Puede leerse, respecto a  la labor historiográfica confuciana, Kaltenmark, M., “La religión de   la antigua China”, en Puech, H.-Ch., Las religiones antiguas, edit. Siglo XXI, Madrid, 1981, pp. 290-327, en especial, pp. 296-297.

951 Yu recibe la ayuda divina de Shangdi, que envía un dragón alado con cuya cola el héroe hace  las canalizaciones para el agua. Al conectarse la inundación con Gonggong o el Dragón Negro,  los mitos de Yu también se emparentan con los de Nüwa salvadora, que  repara  el  Cielo  salvando a la humanidad de otra posible devastadora inundación. Véase Field, S. ( trad. ), Tian wen…Op.cit., 35-38.

952 Véase Karlgreen, B., “Legends and Cults in  Ancient China”, Bulletin of the Museum of Far  Eastern Antiquities, nº 18, 1946, pp. 199-365, en específico, pp. 209-210; Birrell, A., Chinese Myths, British…Op.cit., pp. 34-35 y ss.; Allan, S., The Shape of the Turtle: Myth, Art, and Cosmos in Early  China, State University of New York Press, Albany, 1991, p. 69 y ss.; Mathieu, R., Anthologie des mythes et légendes de la Chine ancienne, edit. Gallimard, París, 1989, p. 108 y ss.

953 “…Yu nació del vientre de Gun. Al final, el dios encomendó a Yu expandir el suelo auto-regenerante para sofocar las aguas en las Nueve Provincias”, Shanhai jing, Hai nei jing, 18, 8b-9a, edic. Ssu-pu pei-yao. Traducción propia. Véase Boltz, W.G., “Kung kung and the Flood: Reverse Euhemerism in the Yao tien”, T’oung Pao, 67, 3-5, 1981, pp. 141-153, en especial, pp. 144-148.

954  Acerca de las virtudes y características de Yu, véase Sima Qian, Shiji, I, 101, 120-122, 154 y   ss., edic. Ssu-pu pei-yao (versiones parciales en inglés y francés en B.Watson y E. Chavannes, respectivamente).

 

 

 

 

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