DA YU.CHAMAN COSMICO

“Durante Zhou queda demostrado por el relato presente en la vasija Bingongxu (Shaughnessy 2007), que data del período medio de Zhou Oriental (956 -858 BC) (Feng 2006 p. xvii) y que describe como Yu 禹 o Da Yu 禹 (Yu El Grande) fue ordenado por el Cielo 天 (tian ) para “esparcir la tierra” 敷土 (fatu) y modificar el entorno geográfico a través de las montañas y los ríos de modo tal de ordenar los  territorio en nueve  provincias

Esto indica que, muy tempranamente, los Zhou desarrollaron una poderosa y compleja asociación simbólico-religiosa entre el Cielo (tian) y la Tierra (tu), a través de la acción de “esparcir tierra” (fatu) como una forma de re-modelar el territorio, esta tarea realizada por el último rey chaman  Yu, quien obrando en nombre del cielo, a través de montañas y ríos canalizo las aguas desde su nacimiento hasta llegar a los cuatro mares, siguiendo los cinco ciclos, los cinco movimientos y las fuerzas planetarias  

Ahora bien, en cuanto la tierra o, más precisamente, el acto de esparcirla, tuvo la propiedad y capacidad de llevar a cabo una orden celestial (de origen “numinoso”)

Entonces se asumió que esta no sólo estuvo en directa conexión con el Cielo sino que también fue capaz de realizar (físicamente) su voluntad. De este modo, este viejo relato de la acción ritual y la hazaña ingenieril protagonizada por Yu parece haber hecho referencia a la ya vieja creencia de que las montañas y los ríos estuvieron en directa relación con el mundo nouménico, que esta vez es representado no por Di sino por Tian y ahora enfatizando que en dicha relación la tierra, como elemento vital, juega también un papel esencial. Por lo tanto, los Zhou, aún realizando ciertas adiciones rituales, parecen haber continuado con la creencia Shang de que ciertos Poderes Naturales (shan, he y tu) mediaron entre las esferas divinas y humanas, constituyendo espacios cargados de poder divino, es decir, sagrados.

Uno de los textos más antiguos que hace referencia a la montaña es el del Yugong 貢 (Los Tributos de Yu)11, que data de mediados de la época de los Estados Guerreros (481-222 a.C), hacia el siglo IV a.C y que también tiene como protagonista a Yu El Grande.12 Este capítulo comienza de la siguiente forma (he puesto en cursiva las partes que considero especialmente importantes):

“Yu diferenció las nueve regiones. Siguiendo el curso de las montañas,

drenando los ríos, fiándose en la tierra para hacer sus tributos (los de las

parte del Shangshu 書 (El Libro de la Historia) o Shujing 經 (El Clásico de la Historia).

  De hecho, el relato del Yugong (IV a.C.) parece pertenecer a una tradición que se remonta a la inscripción de la vasija Bingongxu (IX a.C), a juzgar por el increíble número de similitudes entre los dos escritos. Sin embargo, el uso político-religioso de la tradición ciertamente varió en relación a los divergentes contextos históricos y culturales en los que se situó. Los supuestos conceptuales detrás del relato mítico de Yu, y específicamente los relacionados con la montaña como lugar sagrado, empero, no sufrieron modificaciones sustanciales. Véase Shaughnessy 2007 regiones). Yu esparció la tierra y siguiendo las montañas cortó los árboles, estableciendo las montañas más altas y los ríos más largos”14

El uso de dicha expresión es, en efecto, sumamente significante pues, como bien señalamos al inicio, una de las características mas distintivas del espacio sagrado es la del orden y el texto en cuestión declara abiertamente que este orden es conseguido en cuanto Yu sigue las montañas como una forma de apaciguar el diluvio que asuela el país, una situación caótica definida precisamente por su ausencia de orden. De este modo, los “Tributos de Yu” parecen sugerir que es la montaña la que permite la anulación del caos y la generación del orden.

En específico, la organización matemático-geométrica a la que los “Tributos de Yu”hace referencia es la de las nueve regiones jiu zhou 九州. En la tradición china, la creación de las nueves regiones fue concebida como un mito cosmogónico, que explicó el origen de la unidad territorial y política de China, así como la relación de subyugación y dependencia que los pueblos circundantes tuvieron con ella (Lewis). La definición de las nueve provincias (bie jiu zhou 別九州) fue una de las principales hazañas atribuidas a Yu, quien protagonizó no sólo este relato sino que varios otros, incluyendo el Shanhaijing 經 (El Libro/Clásico de las Montañas y los Mares)

Empero, considerando que este mito es referido en el Shangshu, uno de los cinco clásicos (wujing 經) confucianos, tradicionalmente se estima que locus classicus de la cosmogonía de Yu estuvo en el Yugong, que consistió básicamente en una descripción de las nueve provincias y cómo estas fueron formadas por Yu en su trayecto a través de China.

La primera sección de los “Tributos de Yu” se organiza como un inventario de los diferentes ríos a través de los cuales Yu viajó y los cuales canalizó para apaciguar la inundación que asolaba China. De este modo, no fueron solo las montañas sino que también los ríos los que permitieron al héroe mitológico ir desplazándose a través del territorio, de modo tal que, en la sección primera, la descripción de cada provincia es precedida por una breve mención de los ríos que permiten acceso a ella, así también como de los que conforman los límites de estas, los cuales también son por los propios ríos, pero también por los mares y, naturalmente, las montañas. El texto, luego de ofrecer una breve descripción de los tipos de suelos y productos de cada provincia prosigue como una descripción de la forma en que Yu ordenó el territorio siguiendo las colinas, la cual ocupa gran parte de la segunda sección del texto. Esta segunda sección comienza con una descripción de las diferentes montañas a través de las cuales Yu perpetró la ordenación del territorio:

“… (Yu)18 comenzó con Khien (Qian) y Khi (Qi) y procedió hacia el monte King (Jing); cruzando (los ríos) Ho (He), Hû-khâu (Hu-kou), y Lêi-shâu (Lei-shou), yendo hacia Thâi-yo (Tai-yue). (Luego de esto vino) Ti-kû (Dizhu) y Hsi-khâng (Xi-cheng), desde donde fue hasta Wang-wû (Wangwu); (ahí se encontró con) Thâi-hang (Tai-hang) y la montaña Yu “se basó en los suelos para hacer los tributos”: ren tu zuo gong 任土作貢 17 Considerando que la primera sección del Yugong refiere a los ríos y la segunda a las montañas a Hâng

El viaje de Yu, empero, no termina en sus incursiones montañesas sino que luego prosigue como una descripción de los itinerarios de los diferentes ríos que cruzan China, cuyas fuentes son trazadas, una por una, desde diferentes montañas. Hecho esto, su viaje concluye. El Yugong, de este modo, explicó la génesis de una organización territorial estrictamente definida en la cual las montañas y los ríos fueron de vital importancia sugiriendo que estos tuvieron un rol esencial en la ordenación del espacio y, por tanto, en la construcción de un espacio sagrado. Ahora bien, el vínculo específico que tuvo de esta estructura de las nueve provincias con el plano celestial no estuvo dado meramente por su cardinalidad sino que también por otros interesantes aspectos mencionados en otras fuentes. En concreto, dichos escritos explican cómo la matriz del Yugong se basó en observaciones de los cuerpos celestiales correspondiendo, en rigor, a la estructura del mismo Cielo. Esto fue claramente precisado en el Zhouli zhushu 周禮 (Libro/Clásico de los Ritos), compuesto hacia finales de los Estados Guerreros (Pankenier 1998 p. 263), donde se afirmó que las nueve regiones en que se dividió China tuvieron sus contrapartes astronómicas y que estas afectaron el Imperio Medio según cualidades astrológicas específicas:

“[El Astrólogo Real] se preocupa de las estrellas en el Cielo, manteniendo un registro de las cambios y movimientos de las estrellas y los planetas, la luna y el sol, de modo tal de examinar los movimientos del plano terrestre, con el objeto de distinguir [pronosticar] buena y mala fortuna. [Para esto]divide los territorios de las nueve regiones de imperio en conformidad con sus dependencias en cuerpos celestiales determinados. Todos los feudos y provincias están conectadas con distintas estrellas, y desde las cuales su prosperidad y calamidad pueden ser determinadas”20

La creencia de que el plano terrestre reflejó la conformación de la bóveda astral no fue, necesariamente, una creación propia de los Estados Guerreros, sus raíces pudiendo encontrarse en el período de Zhou

Esta forma de organizar el espacio terrestre y celestial fue parte de la cosmografia del gai tian 蓋天, que sostuvo que la Tierra era un cuadrado y los Cielos un círculo. El que los chinos antiguos concibiesen el Cielo como circular y la Tierra como un espacio cuadrangular, presentó el desafío astronómico, pero más precisamente matemático y, por sobre todo, geométrico de representar un plano circular en un plano cuadrangular, que es de hecho una de las grandes preocupaciones del gran tratado astronómico de la antigüedad china, a saber, el Zhou Bi Suan Jing 周髀算經, “El Clásico Matemático (o de los Cálculos) del Gnomon de Zhou”, donde dedica un capítulo entero precisamente a esta operación \. El capítulo en cuestión lidia con las diferentes operaciones matemáticas y geométricas que pueden permitir la confección de cuadrados y círculos a partir del uso de la escuadra (gnomon) (Cullen 1996). No hay aquí espacio para explicar la forma específica en que esto se logra, pero es revelador el hecho de que el texto termina por atribuir el éxito de la ordenación del espacio perpetrada por Yu a esta misma operación lógica.

Considerando lo que indican estos textos astronómicos podemos concluir que en el Yugong la montaña tuvo la capacidad y, por sobre todo, la función de aplicar y transmitir las matrices celestiales al paisaje intermediando, nuevamente, entre lo numinoso y lo humano, permitiendo la manifestación de lo celestial en lo terrenal. Para los chinos antiguos, entonces, el Cielo (tian), representó la divinidad, logró tomar forma y lugar en este, nuestro espacio y tiempo humanos, a través de las montañas y, en menor medida, los ríos. Sin embargo, este entendimiento no fue nada nuevo, pudiendo ser deducido de los complejos rituales que la sociedad neolítica de Hongshan construyó miles de años antes, queriendo ascender a los cielos por medio de empinadas colinas. Esta persistencia de la concepción de la montaña como una “escalera al cielo” en la cultura religiosa de la China Antigua estuvo, muy probablemente, inspirada en la necesidad del chino arcaico de sentirse en continua y Occidental cuando, por ejemplo, los chinos desarrollaron la creencia de que el Río Amarillo se extendió paralelamente a la Vía Láctea (Pankenier 2005 p. 499.)

Extractos de un escrito  de © Manuel Salvador Rivera Espinoza

COLECCIÓN ALADAA

ALADAA XIV – 2013 Página 22

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